La pérdida de un ser amado siempre será una de las vivencias más difíciles en la vida, pues es horrible hacerte a la idea de que ya no estará más contigo esa persona con la que compartiste tantos momentos en tu vida y siempre te hace reflexionar de la corta que es la vida.
Pero perder a una persona que nunca conociste físicamente, que no pudiste mirar a los ojos, que no pudiste siquiera tocarlo, no pudiste besar o tomarlo de la mano... que durante cuatro meses estuvo dentro de tí, proporcionándote una alegría indescriptible y sensaciones jamás vividas es mucho más difícil, después de todo, perder un hijo no tiene nombre...